Un “paraíso” de productos baratos surgió en Venezuela en los últimos años en los que la crisis económica se acentuó. Aunque antes era común ver copias de varias marcas famosas, generalmente con errores en los nombres y variaciones que presagiaban lo falso, el negocio creció y se perfeccionó. Catia, al oeste de la ciudad, es una de las zonas donde abundan estas opciones más económicas en diversos establecimientos.
Hasta allá se dirigen muchos caraqueños con el objetivo de rendir sus salarios. Y para sorpresa de muchos es común encontrar, por ejemplo, jabón de lavar “Ariel” o “Ace” hasta tres veces más económico que en las cadenas de farmacias y supermercados reconocidas.
El empaque tiende a ser, a primera vista, idéntico al original. Pero solo basta observar con detenimiento para descubrir que es una imitación: la presentación es de 900 gramos y las letras tienden a estar movidas. Al abrirlo es más evidente el engaño: no es el mismo color y tampoco el mismo olor y al usarlo el chasco es mayor. Martín Rodríguez apostó a esa opción hace unos meses y el resultado no fue el que esperaba.
“Compré uno con el mismo empaque del Ace. Puse la lavadora y lo eché, cuando terminó de lavar el polvo del jabón estaba pegado en la ropa y entonces tuve que mojarla y darle con un cepillo”, contó. Al momento de la redacción de esta nota, los 900 gramos de “Ace” en Catia costaban Bs 94.000 y los de “Ariel” o “Ariele” 105.000, mientras que en Farmatodo el kilo del original, pues la presentación de 900 gramos no existe, valía Bs. 225.000 y. 235.000, respectivamente.
Ignacio Méndez también prefirió ahorrarse unos bolívares, pero él sí estaba claro que por ser una presentación pirata no obtendría la misma calidad. “Con los jabones accer, acer, o acce, pasa que tienen una presentación bastante chévere, una copia casi fiel al original. El empaque engaña de lejos y de cerca si no eres asiduo de mercado. No posee el olor característico de un producto de calidad y hay que echarle el doble de cantidad si se quiere una lavada de calidad aceptable. Tiene sus trucos porque algunos dejan partículas de jabón en la ropa si no se enjuaga bien”, explicó. Lo que rescató Méndez de esta alternativa es que el costo es de casi un cuarto del original, es decir, puede comprar 4kg de Acce en vez de 1kg de Ace.
Los riesgos. Así como se consigue jabón de lavar, también abundan presentaciones de toallas sanitarias (Aluays, Alwalls Alveys), maquillaje, pinturas de uña, jabones de tocador, cepillos de dientes y cremas dentales, entre muchos otros. Si bien no está de más rendir el sueldo, la compra de estos productos representa un riesgo que cada quien asume al adquirirlo debido a que no cumplen con los requerimientos legales (normativas sanitarias y de producción) establecidos en el país. Natalie González cayó en el engaño de los negocios conocidos como “chinos”. La sedujo el precio de unas supuestas cremas dentales Colgate Total 12 y Oral B, “igualitas a las originales”. “Al llegar a casa supe que no eran porque sabían a pura azúcar”, dijo.
El 12 de agosto de 2019, la empresa Colgate Palmolive Venezuela emitió un comunicado en el que alertó sobre la existencia de cremas dentales falsas de su marca que no cumplen con los estándares para la venta. “Estos productos no cumplen con los requisitos sanitarios necesarios para su comercialización ni con la formulación que garantice una adecuada salud bucal, por esto, protegiendo a nuestros consumidores, hemos denunciado ante las autoridades sanitarias competentes del potencial riesgo sanitario que acarrea la comercialización y uso de esos productos falsificados”, expresaron.
En respuesta, el Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel, adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Salud, emitió una alerta sanitaria en la que explicó que llevó a cabo “las pruebas de control de calidad a las muestras dentales cuestionadas y captadas en diferentes establecimientos comerciales, obteniendo como resultados contaminación microbiológica y ausencia de fluoruro, por lo que se concluye que el producto se encuentra no conforme para su uso y consumo y, por lo tanto, constituye un riesgo para la salud de la población”.
El ente exhortó a los establecimientos titulares, importadores, distribuidores y comercializadores a adquirir Productos de Uso y Consumo Humano a través de proveedores Certificados y Autorizados por el MPPS y abstenerse de distribuir y comercializar los fraudulentos, “so pena de ser sujeto a la aplicación de medidas sanitarias y procesos sancionatorios”. Asimismo, prometió mantener la vigilancia sanitaria en todo el país y notificó al Servicio Autónomo de Contraloría Sanitaria y a la División de Delitos Contra la Salud Pública del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas para que tomaran las acciones correctivas pertinentes.
Ni las uñas se salvan. Pese a ese caso que figura como uno de los tantos antecedentes que se denunciaron, las copias no se detienen. Recientemente, las pinturas de uñas Valmy pasaron a formar parte de la lista de los productos pirateados. En los locales comerciales de Catia su valor no pasa de los 50.000 bolívares, mientras el precio del esmalte y los brillos originales en Farmatodo cuestan Bs. 148.900 y 129.000. En noviembre del año pasado, Drocosca, como empresa propietaria y responsable de la manufactura de productos de la marca Valmy en el país, confirmó la falsificación de los esmaltes y de otros productos cosméticos similares a los de su portafolio. “Alertamos a las consumidoras venezolanas y a nuestros clientes a no adquirir productos falsos, cuya formulación y efectos no cuentan con las garantías de nuestra marca, tal como lo hemos denunciado ante las autoridades sanitarias competentes; además de representar una violación de los derechos de propiedad intelectual de nuestra marca, evadir las obligaciones legales y fiscales, y atentar contra el empleo de quienes laboran en Drocosca C.A.”, señalaron en un comunicado. En su página web, la empresa detalla que buscan satisfacer las necesidades de todos sus clientes con basados en los requisitos de la norma ISO 9000:2008 y las normas de Buenas Prácticas de Manufactura (BPM).
El caso de Tepito en México
Más allá de las fronteras venezolanas, en México, también existe un barrio en el que se elaboran y se venden todo tipo de productos copia. Los medios locales lo llaman “el reino de la piratería” porque, entre otras cosas, es el mayor centro de abasto y distribución de discos y películas piratas en el país. Por su parte, Alfonso Hernández, el cronista del barrio, e integrantes de la Cámara de Comercio de la Ciudad de México, lo llaman el mercado informal más grande de América Latina. “Tepito fue un lugar innovador en el comercio informal al desarrollar una gran capacidad para hacer copias de productos a bajo precio como discos compactos, reetiquetar artículos colocándoles marcas conocidas o famosas, y adquirir mercancía china sin pagar impuestos y con bajos costos de operación. Su accesibilidad y bajos precios hicieron que compradores directos y revendedores consideraran a ciertos comerciantes del barrio como grandes proveedores”, explica Alberto Hernández Hernández en un artículo para la revista Alteridades. UN
