Deportes

Así está la “casa” donde creció Rubén Limardo

Siete años tenía Rubén Limardo cuando inició su pasión por la esgrima. Fue en la sala de armas Jesús “Chuchú” Gruber, de la urbanización Vista Hermosa, en Ciudad Bolívar, donde acompañado de su amada madre Noris Gascón, se subió por primera vez a una pedana. Fue amor a primera vista. Desde entonces, el joven atleta se desarrolló como el mejor espadista del país, hasta consagrarse campeón olímpico, en Londres 2012.

La ansiada medalla de oro provocó la algarabía de todos los habitantes del estado fronterizo y, obviamente, del gobernador Francisco Rangel Gómez. El máximo mandatario de la entidad se comprometió con el monarca al asegurarle que restauraría el recinto.

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Fotografía: Ariana Cubillos/AP

La ayuda llegó en forma de galones de pintura, evocan los entrenadores que hacen vida en el sitio; apoyo insuficiente para la reconstrucción de la única sala de armas del estado. Lejos de ofrecer “espacios totalmente aptos para el recibimiento de niños, niñas y adolescentes”, como lo reseñó la prensa de la Gobernación en el portal web Abrebrecha, el “cariñito” fue solo un paño de agua tibia.

Cuatro años más tarde, y en puertas de los Juegos Olímpicos de Río, las instalaciones del gimnasio muestran su peor rostro: falta de iluminación, baños inhabilitados, una insalubre humedad, un solo toma corriente funcional, ausencia de aire acondicionado y hasta vidrios rotos –producto de un reciente robo- reciben a diario a distintos clubes de chamos que trabajan por seguir los pasos de su ídolo.

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Evidentemente afectado por las precarias circunstancias del que fue su segundo hogar, el espadista hace responsable al Instituto de Deportes de Ciudad Bolívar. “El ente encargado en Bolívar no hace nada, no aporta nada. Evitan que la gente conozca la realidad. Esto me duele en el alma, me duelen los niños. ¿Cómo tendremos generación de relevo? ¿Cómo levantaremos la Generación de Oro?”, exclama.

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“Yo quisiera saber dónde está lo que prometieron después de Londres. Ellos solo hacen fama con cosas que no han logrado”, afirma el también diputado suplente, quien asevera que jamás ha dejado de trabajar por el bienestar deportivo de su comunidad. “Yo he luchado y no he conseguido respuesta de ellos. Para mí es difícil porque soy un atleta activo, pero ellos deberían hacer su trabajo”.

No obstante, destaca que Mindeporte y el Instituto Nacional de Deportes ya tomó cartas en el asunto. “El ministerio siempre me ha apoyado, y ahora acaban de destinar recursos para la restauración de la sala de armas. Este mes comenzarán a tumbar el techo –instalado en 2008- para iniciar la reconstrucción. Ahora, deben velar para que el plan de trabajo se cumpla”.

Centro Nacional de Judo, las ruinas de un albergue de damnificados

Un sombrío recinto recibe a quien accede al Centro Nacional de Judo, en las instalaciones del Parque Naciones Unidas, de El Paraíso. Lo que un día fue el complejo más grande dedicado a la disciplina en todo el territorio nacional, y hogar de la selección, es ahora el vestigio de uno de los espacios que fue designado albergue, tras la vaguada que afectó al país en 2010.

Aunque a simple vista está desolado, en su interior, un pequeño grupo de hombres labora para recuperarlo. Pertenecen a la empresa Servicios y Construcciones Alí, contratada por Mindeporte para restaurar el sitio, que sufrió durante años las consecuencias de una desocupación tardía.

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El hermetismo que envuelve la situación complica el ingreso al lugar. Hacer fotos es prácticamente imposible, pues el ingeniero encargado de la obra –siguiendo instrucciones del ente deportivo- exige una autorización del director de la oficina de Gestión de Instalaciones, del Instituto Nacional de Deportes, el ingeniero Daniel Mata; trámite más que burocrático, pues la estructura organizacional de la compañía para la que labora, establece tres cargos superiores al suyo, que deben, lógicamente, ser informados sobre la petición.

No obstante, el supervisor se muestra amable y abierto a exponer –bajo la condición de no hacer registro fotográfico- el avance del arduo trabajo de su equipo.

El recorrido inicia en el tabloncillo. Pese al denso polvo que cubre toda la instalación, es evidente que los cinco meses de estadía de la constructora en el lugar ya rinden sus frutos. Paredes encamisadas, gradas restauradas, romanillas (láminas de las entradas de aire) nuevas e iluminación auguran un buen producto final en el área principal del recinto.

Aún así, queda trabajo por hacer, debido a que las más de 250 personas (según el conteo inicial) que habitaron el lugar, dejaron a su paso, incluso, goteras producto de impactos de bala en el techo.

En el nivel cero, también hay progreso. Espacios que estaban destinados a la estadía de entrenadores y atletas ya cuentan con paredes frisadas y pintadas, aunque afectadas por la humedad exterior (problema en el que ya trabaja la empresa).

Sin embargo, la situación cambia drásticamente al acceder al último nivel del complejo. El sótano, que un día fue un conjunto de habitaciones para dormir, recuperarse o entrenar, hoy parece una cueva urbana.

JudootraNo hay iluminación, y aún no se inicia el trabajo de tuberías ni frisado ya que el proyecto para recuperar esta área no ha sido asignado a ninguna empresa. Los empleados de Construcciones Alí lo limpiaron por voluntad propia, pero dejan claro que su reparación no les corresponde.

Y es difícil imaginar quién se le medirá a tal proceso. La cerámica del suelo está destruida, los soportes de los ductos del aire –que caen desde el techo al suelo- se han convertido en obstáculos para caminar, y charcos provenientes de los baños sorprenden en medio de la penumbra.

Sin embargo, la estructura física pasa a un segundo plano cuando se enfoca la linterna en las paredes. Dibujos de personajes animados, típicos del cuarto de algún niño; un “Bienvenido a mi casa”, escrito en letra infantil; mensajes de amistad entre adolescentes y hasta versículos del evangelio de Mateo, convierten el espacio en un cementerio de recuerdos.

Entender que en esas “cuatro paredes” vivieron familias enteras es duro y perturbador. Una calcomanía de la última campaña del fallecido presidente Hugo Chávez –con el mensaje “Corazón de mi patria”- es la muestra de la esperanza que guardaban los habitantes del sótano, que debieron esperar casi cuatro años para contar con una nueva opción de vivienda.

Mientras, la vida dentro del recinto se desarrollaba como en cualquier zona de vulnerabilidad. Durante la limpieza se encontró desde excremento hasta motos desarmadas, cuentan los trabajadores.

La restauración del Centro Nacional de Judo no alcanza todavía ni el 50% del objetivo planificado, y el tema presupuestario retrasa la evolución de la obra. “Es difícil conseguir los materiales y cuando asignan los recursos ya no es suficiente, porque todo está más caro”, asevera otro obrero.

La primera fase del proyecto contempla renovar las áreas comunes y la fachada, que llevará los colores del ministerio. Se estima que el cambio externo esté listo para el próximo trimestre.

Piscina del Instituto Nacional de Deportes

Hace más de un año inició la reconstrucción de la piscina del Instituto Nacional de Deportes, en la avenida Teherán, de Montalbán. La obra, que inició en mayo de 2015 y prometió ser reinaugurada antes de febrero de este año, ha extendido sin previo aviso su tiempo de entrega.

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Los entrenadores del lugar lamentan el retraso, que afectó el plan de trabajo del combinado nacional de polo acuático. “El proyecto y la intención del ministerio son buenísimos. Ofrecieron redistribuir el espacio, construir camerinos e instalar un sistema anti ola”, relata David Ciociola, DT juvenil.

“Sin embargo, no sabíamos que el tiempo se extendería tanto. La categoría máxima de waterpolo tenía planificado entrenar aquí de cara al Suramericano de Natación celebrado en Paraguay, que otorgaba cupos a los Juegos Olímpicos; pero no fue así, debieron entrenar fuera y no clasificaron”, comenta.

Ante tal situación, una trabajadora de la oficina de Gestión de Instalaciones Deportivas, ubicada en la misma sede, y que prefiere que su nombre no sea revelado, asegura que el retardo se debe a la falta de recursos. “El presupuesto de 2016 aún no baja, y debemos trabajar con dinero del Fondo Nacional de Deporte. Es una situación que se escapa de nuestras manos”.

Complejo Batalla de Carabobo, la promesa incumplida de Fundadeporte

La zona central del país cuenta con pocos recintos para la práctica del atletismo: el Polideportivo Misael Delgado y el Complejo Batalla de Carabobo. Debido a sus características, es este último el más concurrido por los atletas valencianos que desarrollan su potencial durante el ciclo olímpico, entre ellos, el marchista Yerenman Salazar.

Sin embargo, su evidente deterioro lo convierte más en un obstáculo que en un impulso. Así lo asegura Génesis Romero, la joven nativa que se quedó a solo 0,9 centésimas de asistir a Río.

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“Yo amo entrenar en Valencia, porque es donde vivo. Pero, cuando compites en el exterior muchas veces no quieres regresar. Soy de aquí, pero es injusto que el lugar donde me preparo esté en estas condiciones”, expresa.

Un tartán desgastado, iluminación inexistente, una atemorizante inseguridad y áreas verdes sin podar –con monte que alcanza hasta los dos metros de altura- reciben a diario a cientos de atletas, que deben conformarse con las sobras de la precaria gestión de Fundadeporte, presidida por Thaer Hasan, desde 2013.

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“El tema es muy complicado. Cuando Hasan llegó, las instalaciones estaban en muy mal estado. Pero ahora están peores. Nunca había visto la pista así”, exclama Romero. “Él solo vino cuando asumió el proyecto, lo presentó y jamás regresó”.

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Pero la pista no es la única víctima. La sala de musculación solo cuenta con un par de barras –ambas dobladas- dos potros y discos en mal estado. “Es más un cuarto que un gimnasio”, asevera la atleta de 100 m con vallas.

Su versión es respaldada por un entrenador del recinto, que prefiere no revelar su nombre. “Sabemos que Mindeporte aprobó un presupuesto para restaurar el complejo, acondicionar la pista, gradas y baños; pero aquí no se ha hecho nada”, asegura.

“Finalizando 2015 comenzaron a instalar el techo de las gradas, pero no lo terminaron. Cuando llueve es terrible. Es una situación que nos afecta desde 2014”, relata el técnico, quien dice tener conocimiento sobre un nuevo presupuesto aprobado en 2016. “Iniciaron los trabajos, pero no llevan ni el 20%”.

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Aunado a esto, las obras realizadas no cumplen con los requerimientos para el personal y atletas que hacen vida en el sitio. La nueva “puerta” de acceso dificulta el ingreso de los deportistas en silla de ruedas, por ser muy angosta. “Los baños están cerrados, las reparaciones no cumplen con los reglamentos. La situación es crítica”, destaca.

El entrenador hace un llamado a las autoridades pertinentes.“Semanalmente intentamos reunirnos con el presidente de Fundadeporte. Lo único que pedimos es que tomen las medidas necesarias para brindar espacios aptos. Si no, deberemos comenzar a protestar”.

 

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