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OIM: Los indígenas forman parte del grupo que sufre el peor rostro de la crisis venezolana

La crisis humanitaria que vive el país ha acorralado más a los indígenas. Cada día son más los que cargan con sus pocas pertenencias y emprenden camino hacia otras fronteras.

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), más de 5.000 migrantes indígenas de Venezuela han llegado a Brasil desde 2017, país que se ha convertido en el principal receptor de migrantes indígenas de nuestro país.

Quienes permanecen en Venezuela viven en una constante lucha contra la adversidad entre la falta de servicios básicos como el acceso a agua potable, la salud y la educación.

De acuerdo con el informe de condiciones de vida en las comunidades indígenas de Bolívar, Delta Amacuro y Amazonas realizado por la Asociación Civil Kapé Kapé en 2020, además de su situación de inseguridad alimentaria, ausencia de servicios básicos de salud, alta incidencia de enfermedades endémicas, población con desnutrición, baja calidad del agua de consumo, condiciones de vivienda deficientes, falta de apoyo institucional, se le agrega el riesgo de la entrada del virus de COVID-19 con una población totalmente susceptible y muy vulnerable a las complicaciones. 

En el marco del Día de la Resistencia Indígena queremos mostrar los testimonios de esos indígenas de carne y hueso, que sobreviven al abandono de una sociedad que se resiste a reconocer su existencia, legado, derechos y valor.

El warao que se salvó del COVID-19 gracias a chamanes  y plantas medicinales

Jesús Silva, es un hombre de 40 años, habitante de Winamorena, cacerío ubicado en el  municipio Pedernales. Luego de dos semanas con fiebre, malestar general,  gripe y dificultad para respirar, hizo el esfuerzo de emprender una caminata al ambulatorio a pesar de tener tres días sin alimentarse por la pérdida del gusto y el olfato.

Al llegar al ambulatorio, la respuesta del vigilante de turno fue que no podían atenderlo porque primero debía hacerse la PCR y comprobar si tiene el virus para poder ingresarlo.

Siguió su caminata hasta el ambulatorio de la alcaldía de Tucupita, Imasalud, ubicado a unos 4 kilómetros de distancia, donde una vez más el enfermero de turno le negó la atención por la misma razón, de que debía hacerse la PCR. Esa madrugada, el señor Silva no recibió ninguna atención médica.

Perdida las esperanzas por verse con los médicos, decidió acudir a sus creencias, con los llamados “Wisidatu”, (curandero indígena)  viendo resultados positivos y empezó a mostrar mejoría hasta sanarse.

La mujer indígena también tiene un rol fuera del hogar

Ver la necesidad de atención médica en su comunidad y el interés de su abuelo por la medicina tradicional, fueron las rendijas que le abrieron a Endy Rodríguez el interés por la medicina. Hoy es la coordinadora del ambulatorio de la comunidad indígena de  Kumarakapay, en el municipio Gran Sabana. 

Llegar a este punto no fue fácil para esta mujer indígena, pues a pesar de la transculturización, en las comunidades indígenas se sigue pensando que el puesto ideal de la mujer es en el hogar, junto a la familia. 

Aunque para muchos su empeño por estudiar y tener una profesión significaba que Endy se estaba separando de su cultura y raíces, ella siempre estuvo enfocada en prestar un servicio a las mujeres de su comunidad desde la empatía y la compresión de las razones culturales de sus conductas.

Tras terminar la carrera, volvió a la Gran Sabana para trabajar en el Hospital Rosario Vera Zurita, pronto se cambió a una comunidad indígena para dedicarse a la promoción del parto seguro y controlado.

“La mayoría de las mujeres indígenas embarazadas no se hacen un buen control pre natal, porque no es una costumbre, y también porque las comunidades quedan muy lejos de donde está el hospital. Entonces como ya yo sabía cómo era el procedimiento y conocía cómo es la indígena, sabía cómo atenderla y cómo abordar su parto”.

A pesar del recelo que existe porque la salida de las mujeres indígenas de sus comunidades provoque la pérdida de su cultura y de sus responsabilidades en el hogar, esta joven taurepan piensa que, por el contrario, asumir la responsabilidad y el peso social y cultural que tiene la mujer amerita de una mejor preparación.

“Yo siempre le digo a las mujeres indígenas que si nosotras como indígenas tenemos una identidad propia, nunca vas a cambiar tu cultura y esa es mi lucha, yo sé que se puede lograr”.

“Cuido mi bosque porque me da aire y respiro, es mi casa”

Frank Sarmiento tiene 49 años de edad, y es integrante de la Guardia Indígena Yekwana, conocida como los “Guardianes del Río Caura”, en la comunidad indígena Las Pavas, Sector medio Caura de Bolívar.

“La componemos 15 voluntarios. Como guardianes indígenas yekwana tenemos nuestro propio sistema de trabajo para garantizar el bienestar individual y colectivo, bajo la custodia de nuestros consejos de  inchonkomo (ancianos)  y de nuestro kajichanakomo (capitanes), quienes velan por el fiel cumplimiento de nuestra normas y reglamentos en nuestro trabajo, además tenemos un jefe mayor, quien dirige al grupo de la Guardia Indígena Yekwana, se denomina Öyaajo, también debemos tener valores como la disciplina, respeto, comunicación, principios autóctonos, conocer la  justicia propia y sanciones ancestrales”.

La Guardia Indígena Yekwana se enfrenta en su día a día a la desaprobación de los organismos de seguridad, quienes desconocen su legitimidad y la autoridad que tienen frente a su pueblo “el Estado venezolano no nos quiere reconocer para que seamos nosotros mismos los protectores de nuestras tierras (…) Es una amenaza para nosotros tener presencia de grupos irregularidades en nuestras casas, porque ellos quieren tener el control de nuestra tierra para seguir dañando, enriquecerse y apoderarse de las comunidades.

Yo soy yekwana que no me gusta navegar por el río Caura, porque me gusta tener el agua limpia para mi consumo, vivo de la pesca y casería. Cuido mi bosque porque me da aire y respiro, es mi casa como seguridad indígena. Mi tierra es para yo cultivar y sembrar”.

Jesús, Endy y Frank son apenas 3 caras de la realidad de los indígenas venezolanos, que por sus propios medios y frente a todo pronóstico, consiguen la manera de afrontar las adversidades.

Redacciòn G.S.

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