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Homenaje de El Luchador a “El Chino” León

El pasado 8 de febrero, la radiodifusión bolivarense amaneció de luto por la partida física de quien fue considerado como un “papá” por los locutores de Ciudad Bolívar. Un hombre con una trayectoria de más de 6 décadas en la radio, plena de vivencias imposibles cuya narración exige el espacio que a partir de hoy semanalmente le dedicará El Luchador al ícono de los micrófonos que todos recuerdan por su cordialidad, sus enseñanzas, su manera especial de decir las cosas, su sencillez, sus refranes, por lo dicharachero y su potente voz que estremecía los estudios de las diversas emisoras a través de las cuales lo escucharon los bolivarenses y últimamente gente del mundo entero gracias a la internet. 

Tomás Antonio León Rengel, nacido el día de Santo Tomás, el 21 de diciembre de 1939, fue conocido por todos como “El Chino León”,  poseedor de una voz sin igual capaz de tocar fibras y estremecer a quienes tuvieron el privilegio de escucharle. Desde el Diario El Luchador rendimos un merecido homenaje a este insigne bolivarense haciendo uso de una de sus grandes cualidades, la jocosidad, para mostrarles durante varias semanas anécdotas, historias y la forma como El Chino León impactó a sus tantos “hijos” en esta ciudad y fuera de ella.

Comenzamos hoy la serie de entregas que hemos bautizado con la denominación que usan coloquialmente nuestros entrevistados, pues cada vez que lo mencionan, dicen: Este fue “Mi cuento con El Chino”. 

 ¡A organizaaaaaaaaaarse! Ing. Francisco Rosales, Director del Diario El Luchador: Estaba yo recién llegado a Ciudad Bolívar y ya había escuchado anécdotas de El Chino León, pero no lo había conocido personalmente. Una tarde estaba en el estacionamiento frente a la sede del periódico, supervisaba la realización de la hermosa fachada que dibuja casas características del caso central de Ciudad Bolívar, la que aún lucha por sobrevivir al inclemente sol de esta región, cuando escuché una voz que dice: Yo te amo.

Al voltear y mirar detrás de mi, ví a un señor vestido de blanco, que observaba la obra de arte en la fachada del edificio y le pregunté a qué se debía su expresión, a lo que me respondió: – Es que yo amo a mi Ciudad Bolívar y amo a todo el que la ama. Tú estás haciendo una cosa muy bonita por mi ciudad … y eso que tú no eres de aquí!. Extrañado por el comentario, le respondí: -Ajá y usted que si es de aquí. ¿quién es? -Bueno, a mí, mis amigos me dicen el chino.

Yo soy El Chino León. Le di un abrazo y lo invité a entrar a mi oficina a tomar café, conversamos largamente y desde entonces me brindó su manera efusiva de expresar afecto y cordialidad. Así conocí al Chino León. 

Decci Plaz, creadora y conductora del programa radial “Confieso que he Vivido” Desde niña en el barrio Hipódromo viejo siempre oí hablar de El Chino. Comencé a hacer docencia en el colegio “Miguel de Cervantes” y allí le di clase a tres de sus hijos. Allí tuve mucha conexión con El Chino porque yo era profesora de psicología y de formación social, moral y cívica.

De repente comencé con Confieso que he Vivido, cuyas dos primeras ediciones las hice con Américo Fernández, donde nos dedicamos a hablar de próceres angostureños, y la tercera edición del programa, que se convirtió en la primera entrevista a alguien vivo, fue para El Chino León.

Yo sabía que a él no le gustaba dar entrevistas, entonces le hicimos una comunicación bien formal desde la dirección de la emisora, para comprometerlo. Así pues, usando aquello de que yo fui profesora de sus hijos, le planteé, hace diez años, que se confesara con nosotros. Estaba asustada.

Vi cómo leyó la comunicación, la miraba, me miraba, hasta que de repente me dice: -Decci, yo no acostumbro a dar entrevistas porque hay gente que abusa, pero a ti sí te la voy a dar. ¡Salté y lo abracé! Eso fue en 2008.

El año pasado, para la celebración del aniversario del programa tuve que cambiar la dinámica tomando en cuenta el tema pandemia y gasolina, decidí entonces quedarme en cabina, solo con los saludos que me enviarían los oyentes y mi sorpresa fue cuando unas manos tocaron mis hombros y escuché la voz inconfundible de El Chino: -Amada Decci Plaz, te habla éste que es el último locutor en la fila, pero primero en tu corazón…

Tienes el mejor programa del país y del mundo, porque eso de confieso que he vivido lo lleva uno en el corazón y cuando uno va a tu programa como invitado y ante ese micrófono tu comienzas a hurgar en lo más profundo del cerebro, cada fibra, cada trozo de la corteza se le mueve a uno… no le doy entrevista a nadie en radio porque la única que tiene la historia de mi vida en 2 horas eres tú… el que quiera saber de mí que te busque.

Decci Plaz concluye que sus vivencias, más que un cuento fueron un privilegio: fue un regalo de la vida para mi haber compartido con El Chino. 

Raúl Mora, reconocido cantante bolivarense “En los estudios de radio Angostura ningún extraño podía entrar. Yo llegué, entré y me salí porque un cartel decía: Al aire. Pero de repente me llama un señor y era El Chino.

Yo vendía unos pastelitos que hacía mi mamá y él me compró unos. Tenía yo 17 años. El Chino siempre me ponía un sobrenombre. Me decía: Culebra de Agua y yo le decía La Morrona. Yo le pedía que no me dijera más así, pero se  reía y me decía que cuando alguien me dijera un sobrenombre se lo regresara, así me daría cuenta que no me dirían nada más y así era.

Esta es de las primeras anécdotas con él”. Raúl y los pastelitos contado por el propio Chino León:  “Yo estaba en el estadio Heres. Raúl fue a vender los pastelitos que hacía su mamá. A los Mora les decían los pasteleros. En algún momento el narrador interno pide un minuto de silencio por unos fallecidos.

Solo se escucha un silencio sepulcral y en eso se oyó la voz de Raúl Mora gritando ¡Pasteles, pastelitos de mi mamá de Negro Primero! ¡Los mejores pasteles! Ja ja ja ja, contó El Chino León durante su participación inesperada en un Confieso que he Vivido dedicado a Raúl Mora. 


“El rey del huevo sancochado” Mi esposa me acostumbró a ponerme todo en la mesa. Ella trabajaba en los Tribunales.

Un día la llamo y le digo: bueno Benicia qué hay para desayunar. Yo me levanté y no estas. Ella me dice que agarre unos huevos y los sancoche, y tome café. Al cuarto de hora la vuelvo a llamar: – Bueno Benicia esto no se cocina. –¿Pero ¿qué hiciste? – Bueno, yo eché los huevos. – ¿Y les echaste agua? – ¡Y a eso se le echa agua!?? Ja ja ja ja. Definitivamente nunca aprendí, ni aprenderé a cocinar. A planchar si y a clasificar la ropa para lavarla.   

En nuestra próxima entrega conoceremos algunos de sus refranes, más anécdotas y parte de El Chino padre…

(Redacción Gledis Bonilla)

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