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Condena a Sarkozy: nadie está por encima de la ley

No es que Nicolas Sarkozy vaya a estar en prisión junto a narcotraficantes o ladrones de automóviles. Si su condena se confirmara luego de ser apelada, podría pasarla cómodamente en su casa, con una tobillera de geolocalización.

Los franceses se divertían con los detalles de la vida amorosa del expresidente, pero sus malos manejos políticos salieron más tarde a la luz. Ahora, el expresidente francés fue condenado porque el tribunal da por comprobado que en 2014 sobornó a un fiscal general para obtener informaciones sobre un proceso judicial.

En esta historia hubo de todo un poco: teléfonos móviles descartables, espionaje telefónico, un puesto de lujo en Mónaco: las actas judiciales ofrecen material suficiente para un buen guión cinematográfico. Pero eso no es todo: en un juicio anterior en su contra, Sarkozy fue absuelto de la acusación de haber aceptado donaciones no declaradas de la heredera de L’Oréal, Liliane Bettencourt. Ese escándalo, empero, pesó sobre sus hombros durante años.

 Dentro de dos semanas comienza otro juicio por financiación ilegal de su campaña presidencial en 2007. El expresidente habría aceptado 50 millones de euros nada menos que del exmandatario libio Gadafi. Además, es investigado acerca de actividades como asesor para una empresa rusa, y también han surgido preguntas desagradables sobre la contratación de su primera esposa como empleada.

Sarkozy es el segundo expresidente condenado por un tribunal francés: en 2011 le tocó a Jacques Chirac, por malversación de fondos públicos, cuando era alcalde de París. Pero el juicio más espectacular fue el de François Fillon, que pagó durante años a su esposa como empleada, aunque esta nunca había trabajado. El proceso destruyó la carrera del candidato conservador a la presidencia, y abrió la puerta a la victoria de Emmanuel Macron.

Sin embargo, desde hace algunos años, la Justicia persigue con cada vez más ahínco los delitos de la clase política, que antes eran barridos bajo la alfombra. También aumentó la expectativa de la opinión pública de que se realizara una persecución legal contra todo aquel que violara las leyes, grande o pequeño. Las antiguas camarillas en el poder ofrecen cada vez menos protección, y también la reciente serie de investigaciones por delitos sexuales contra figuras de la sociedad parisina indican un cambio de mentalidad.

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