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Por qué tienes que dejar que tu hija se caiga al correr o juegue a lo bruto

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Close-up of little girl holding her bruised injured damaged knee with her hands

Aunque a priori pueda parecer contradictorio, no lo es. Las niñas, por su salud futura, tienen que caerse al correr o al saltar. No eres mal padre ni mala madre si permites que tu niña se caiga, lleva las rodillas amoratadas, rompa las medias o se caiga al saltar de un pequeño muro. Tampoco eres un mal progenitor si juegas con tu hija a las peleas o dejas que ella y su hermano jueguen a pegarse (sin violencia, claro). «Es necesario que las niñas se den golpes», cuenta a este diario Alberto García, doctor en Ciencias de la Actividad Física y Deporte, profesor del INEF de Madrid y autor de «Mujeres en forma». Flaco favor le haces a tu hija si solo quieres que vaya contigo de la mano por la calle o le dices en el parque «vete al otro columpio estos chicos son unos brutos».

En el libro, Alberto, hablas de lo importante que es practicar deporte en la infancia. ¿Pero a qué te refieres? ¿Es deporte que corran en el parque  o hay que apuntar a los menores a baloncesto o gimnasia?

Primero, tenemos que ver qué entendemos por infancia. Lo ideal es que, hasta los 5-6 años, hagan lo que les apetezca, es decir, que hagan ejercicio y que se diviertan, que jueguen al rescate como hemos hecho nosotros… A partir de los 6-7, es cuando la familia puede plantearse la posibilidad de que practiquen una actividad deportiva reglada y apuntarles a una escuela deportiva y que practiquen uno o varios deportes. Lo importante, en este caso, es que dicha actividad tenga cierta frecuencia semanal (2-3 veces a la semana, no menos) y, además, vaya en progresión de esfuerzo.

¿Qué significa eso?

La progresión de esfuerzo es vital porque, si no la hay, no hay adaptación y por tanto se pierden los beneficios de la práctica deportiva. Por ejemplo, si tú solo andas media hora todos los días, al principio, sí te costará pero a la tercera semana no. Es fundamental que haya una progresión adecuada y, por supuesto, en relación al crecimiento del niño o niña. Tiene que ir controlado por profesionales.

Dices en el libro que es importantísimo que las niñas realicen ejercicios de carrera, saltos, caídas, golpes… Una madre, un padre o una abuela ¡lo último que quieren es que su niña se haga daño!

¡No pasa nada! ¡Es necesario que se den golpes! Una de las dolencias más comunes en las adolescentes es que les empieza a doler las rodillas cuando hacen deporte. Es lo que se conoce como condromalacia rotuliana que produce una erosión del cartílago de la rótula porque no está duro. ¿Sabes cómo se pone fuerte? Durante la infancia, haciendo el bruto y el animal. Solo así consigues que el cartílago soporte tensiones. Y eso es fundamental de cara al futuro de la salud de la mujer porque evitar la artrosis, la artritis… Las caídas, los golpes, los saltos, durante la infancia, sirven para que el cartílago que recubre las articulaciones se endurezca y, por tanto, sea más difícil que haya lesiones en la edad adulta.

Toca cambiar, por tanto, la mentalidad, ¿no? Mientras que a los hijos se les anima a hacer el bruto, a las hijas, todo lo contrario.

Eso es. Es un poco el trasfondo del libro. Los niños ya lo hacen porque no queremos protegerles sino que queremos que demuestren su valentía, esfuerzo… Y de hecho, los adultos les animamos a ello. Pero a las niñas queremos protegerlas, que no les pase nada, que no se hagan ni una herida, que jueguen tranquilas… Es la mentalidad social que impera. De hecho, muchas veces decimos ‘no juegues así que pareces un niño’. Sin embargo, es necesario saber que una niña de 11 años es mucho más dura que un niño de su misma edad. No se les puede educar diciéndoles lo que pueden o no hacer en función de su sexo.

¿Una niña de 11 años es mucho más dura que un niño de su misma edad?

Sí. Cuando se hacen carreras de niños entre 10-11 años, son muy raras las veces en las que un chico llega a la meta antes que una chica. Las niñas, hasta que les llega el ciclo menstrual, son más fuertes por varias razones, entre ellas, porque desarrollan antes y porque tienen una mayor capacidad de sufrimiento. Y fruto de la mentalidad social de la que hablábamos antes, se ve con facilidad cómo un niño llora porque le ha ganado una niña. Y encima, el padre le critica porque una chica le ha ganado. A ese padre hay que ponerle la zancadilla.

 

¿Y qué sucede cuando a la niña le llega la menarquia (primera regla)?

Con la menarquia no cambia radicalmente. Normalmente, se necesitan 1-2 años hasta que se instala bien todo el sistema hormonal que genera, sin duda alguna, ciertos cambios.

Al empezar ese vaivén hormonal, hay momentos en los que la niña es capaz de aceptar determinadas cargas de trabajo y otras veces no. La clave está en que la llegada de la primera regla marca un cambio hormonal en la mujer y cambia totalmente su capacidad de generar musculatura. Las diferencias entre ellos y ellas son ya notables.

La primera regla llega sobre los 12 años, año arriba, año abajo. Si se adelanta, la niña crece menos. Y si se atrasa, crece más. En líneas generales, el deporte, el entrenamiento y la competición hacen que a las niñas se les atrase la menarquia y hay estudios que lo relacionan con un desarrollo de alzhéimer prematuro. Al mismo tiempo, si se les adelanta, otros estudios lo relacionan con un aumento de posibilidades de desarrollar cáncer de mama en el futuro.

Por tanto, ¿cómo debe entrenar?

Las niñas tienen que ir dos años adelantadas. Es decir, una chica de 13 años tiene que entrenar la fuerza o velocidad como un chico de 15. Si no se hace así, se pierde el tiempo. La chica es completamente diferente al chico. Y el problema es que las mujeres abandonan a los 16 años la práctica deportiva. Luego, eso sí, quieren volver a los 40.

ABC

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