En medio de una escalada de tensiones en el Hemisferio Occidental, el debate sobre la autoridad presidencial y el gasto militar ha tomado el centro del escenario en el Capitolio.
La administración ha confirmado que el presupuesto de defensa de Estados Unidos experimentará un incremento histórico, pasando de 1 billón a 1,5 billones de dólares, un aumento destinado en gran medida a financiar operaciones en la región.
Disputa por la autoridad constitucional
El senador Tim Kaine ha alzado la voz contra lo que considera una extralimitación del poder ejecutivo. Kaine denunció que las fuerzas estadounidenses han mantenido ataques sistemáticos contra embarcaciones venezolanas durante meses. El senador subrayó que la retórica de la administración Trump, que sugiere que EE. UU. «dirigiría» a Venezuela, sumada a las incautaciones de petróleo, sobrepasa los límites de la defensa legítima.
«Esto no es en absoluto una operación de detención quirúrgica», afirmó Kaine, recordando que la Constitución de los Estados Unidos exige explícitamente que el presidente obtenga la aprobación del Congreso antes de iniciar cualquier operación militar prolongada.
¿Operación policial o acto de guerra?
Por otro lado, los defensores de las acciones de la Casa Blanca argumentan que el marco legal actual ampara al presidente. Los senadores que se oponen a la resolución sobre los poderes bélicos sostienen dos puntos clave:
Naturaleza de la misión: Afirman que el objetivo de detener a Nicolás Maduro debe clasificarse como una operación policial internacional y no como una acción de guerra convencional.
Prerrogativas del Comandante en Jefe: Sostienen que el presidente Trump actúa bajo su derecho constitucional de iniciar acciones militares limitadas si estas se consideran vitales para la seguridad nacional.
Impacto Económico y Logístico
El salto presupuestario a 1,5 billones de dólares refleja la magnitud de la logística desplegada para mantener la presión sobre el gobierno venezolano y la vigilancia en rutas marítimas clave. Mientras el Congreso se divide entre quienes exigen el respeto al equilibrio de poderes y quienes priorizan la acción ejecutiva, la situación en el Caribe continúa bajo una vigilancia militar sin precedentes.
Con información de agencias



