Por: Francisco Delascio Chitty
A través de mi ventana observaba como menguaba el crepúsculo y continuaba haciendo gala la noche sin poder conciliar el sueño, entonces evoque unas estrofas de Jorge Isaac (1837-1895): He soñado feliz a tu morada/llévame en alta noche amor vehemente/…sobre muelles cojines reclinada/dormir fingías voluptuosamente.
A pesar de ello, continuaba sin dormir y rememoro la Noche Triste de Hernán Cortés (30-07-1520) cuando lloró su derrota frente a los aztecas durante su escape de Tacuba; el decreto Nacht und Nebel (Noche y Niebla), sistema nazi de exterminio de 1941; igualmente recuerdo a Edward Young (1683-1765) con su poema Las Noches (lamentos o pensamientos nocturnos sobre la vida, la muerte y la inmortalidad).
A todo esto, le sumo el imaginarme que vivo en una ciudad limpia con todo los servicios básicos y públicos eficientes, que las unidades educativas y áreas verdes están consolidadas cumpliendo con sus verdaderas funciones y habitada por auténticos ciudadanos. No obstante, continuaba insomne; a pesar de que dormir es un acto natural hoy día por nuestra sofisticada y convulsionada forma de vida se hace prácticamente una acción meritoria en alcanzarlo con facilidad.

El sueño, del latín somnus, es una reducción de la actividad eléctrica de la corteza cerebral, un efecto recuperador sobre nuestro sistema nervioso, una perdida temporal del estado de conciencia, durante el cual se verifica una disminución o suspensión del estado de vigilia. Para inducir el sueño, hay diferentes pócimas y una de ella es la “manzanilla o camomila”. Llamada generalmente Matricaria chamomilla.
El epíteto genérico proviene del latín y griego matrix (vientre) y matro (madre) ya que se ha usado en la cura de trastornos femeninos; mientras que chamomilla es también palabra grecolatina y se traduce como manzana de tierra. Los egipcios la llamaban “hierba del sol” por su semejanza a este astro y simbolizaba a Ra, dios solar.
Es hierba anual aromática, hojas pinnadas, flores blancas y amarillas en cabezuelas de agradable olor, de hecho, por su grato perfume, los griegos la llamaban “miel de la tierra”. Sus flores contienen un aceite esencial formado por ácidos salicílicos, antenico, colina, sustancias pépticas, resinas, proteínas, azucares, vitamina C y apigenina, flavenoide relajante que disminuye el estrés y ansiedad. Infusiones de sus flores se emplean como colirios, para lavar heridas, llagas y úlceras; enjuague de ella elimina la halitosis.
Algunos usuarios, refieren la aplicación de cataplasma de manzanilla contra dolores reumáticos, torceduras y esguinces. La infusión de la misma sirve para lavar, darle brillo al pelo, aclararlo y evitar la caspa. También se emplea como mascarilla en el rejuvenecimiento facial. Baños completos de manzanilla inducen a la relajación, reducen la fatiga muscular y estrés.
La infusión de ella tomada oralmente, actúa como estimulante gástrico contra los dolores menstruales, fiebres, insomnios, cefaleas, cólicos, acidez, flatulencias y el histerismo. Así mismo con la manzanilla se prepara un licor reportado como excelente afrodisiaco.



