En un mundo donde el sedentarismo y las jornadas prolongadas de pie son la norma, un gesto tan simple como elevar las piernas 10 minutos al día se posiciona como el «ejercicio pasivo» definitivo para mejorar la calidad de vida.
Expertos en bienestar destacan que esta práctica, a menudo subestimada, tiene beneficios profundos que van más allá del simple descanso.
Un impulso vital al retorno venoso
Al situar las extremidades por encima del nivel del corazón, la gravedad deja de ser un obstáculo para convertirse en una aliada. Este cambio postural facilita que la sangre fluya sin esfuerzo de vuelta al corazón, aliviando de inmediato la presión acumulada y eliminando la molesta sensación de pesadez y cansancio en pies y piernas.
Más que circulación: Una pausa para el sistema nervioso
Elevar las piernas no solo beneficia las venas; es un interruptor para el bienestar mental. Esta postura activa el sistema nervioso parasimpático, responsable de la relajación y la recuperación celular. Los beneficios directos incluyen:
Reducción de la frecuencia cardíaca.
Mejor oxigenación de los tejidos.
Inducción de un estado de descanso profundo.
El aliado invisible: El sistema linfático
A diferencia del sistema circulatorio, el sistema linfático carece de una «bomba» propia (como el corazón) y depende del movimiento y la gravedad. La elevación diaria permite un drenaje linfático natural, fundamental para eliminar desechos metabólicos y reducir la inflamación y la hinchazón que suelen aparecer al final de la jornada.
»Es una herramienta de recuperación física accesible para todos: sin costo, sin equipo y con resultados inmediatos en la desinflamación y el alivio del estrés cardiovascular.»
Con información de agencias



