Aunque muchas personas las ven solo como un refrigerio o un complemento para ensaladas, las semillas de girasol son uno de esos alimentos pequeños que concentran una gran cantidad de nutrientes. Desde hace siglos forman parte de la alimentación en distintas culturas, no solo por su sabor, sino por su aporte energético y su capacidad para complementar dietas balanceadas de forma sencilla y accesible.
La mayoría de las semillas y frutos secos destacan por su valor nutricional, pero las semillas de girasol llaman especialmente la atención por su perfil tan completo. Son fáciles de encontrar, económicas y muy versátiles en la cocina, lo que las convierte en una excelente opción para mejorar la alimentación diaria sin hacer cambios drásticos en los hábitos.
Uno de los mayores beneficios de las semillas de girasol es su alto contenido de vitamina E, un potente antioxidante que ayuda a proteger las células del daño causado por los radicales libres. Este nutriente es clave para mantener una piel sana, apoyar el sistema inmunológico y retrasar el envejecimiento celular de forma natural.
Igualmente, las semillas de girasol contienen grasas saludables, principalmente ácidos grasos insaturados, que ayudan a mantener niveles adecuados de colesterol en sangre. Este tipo de grasas favorece la salud cardiovascular al reducir el colesterol LDL, conocido como “colesterol malo”, y apoyar el buen funcionamiento de las arterias.
Otro beneficio importante de las semillas de girasol es su aporte de fibra y proteínas vegetales, lo que ayuda a regular la absorción de glucosa en el organismo. Esto puede favorecer un mejor control de los niveles de azúcar en sangre.
Con información de Agencias.-



