Convite: Adultos mayores en Venezuela buscan la venta informal para sobrevivir

Un reciente informe de la asociación civil Convite, presentado a finales de febrero, arroja cifras alarmantes sobre el incremento de jubilados y pensionados que deben salir a buscar ingresos en las calles.

Según el estudio, durante el año 2025 se registró un aumento del 24% en la cantidad de adultos mayores que se incorporan a la economía informal. El motivo, lejos de ser una opción, responde a una necesidad imperiosa: poder costear los alimentos y los medicamentos que sus magras pensiones ya no cubren.

La investigación, que abarcó a más de 1.800 personas en 14 ciudades del país, contrasta con los datos de 2024 y pone en evidencia una problemática creciente. La falta de un ingreso digno obliga a abuelos y abuelas a emprender oficios como el comercio ambulante o la venta de comida casera para completar el presupuesto familiar.

Luis Francisco Cabezas, director general de Convite, explicó en una entrevista para Unión Radio que, si bien Venezuela mantiene una alta cobertura de seguridad social cercana al 90% de la población adulta mayor, el monto de la pensión es irrisorio en el contexto actual. «Al día de hoy, la pensión apenas alcanza los USD 0,9 centavos. Incluso sumando el bono que entrega el Gobierno, que ronda los USD 50 mensuales, no llegamos a tener dos dólares diarios. Eso es estar ligeramente por encima de la línea de pobreza, pero en la práctica, no alcanza«, sentenció.

Cabezas también hizo hincapié en el debilitamiento del apoyo familiar proveniente del exterior. Muchos de los familiares que emigraron en años anteriores no logran desempeñarse en empleos bien remunerados, lo que limita su capacidad de enviar remesas. A esto se suma un enemigo silencioso: la inflación. «Esos USD 50 o USD 60 que años atrás alcanzaban para todo el mes, hoy se esfuman en menos de quince días en un mercado con precios dolarizados», agregó.

El drama se agudiza al momento de priorizar. Según el director de Convite, los ingresos de los adultos mayores suelen destinarse únicamente a dos necesidades vitales: comer y medicarse. Sin embargo, en la mayoría de los casos, «lo alimenticio termina pasando por encima de la salud». La decisión es cruel pero cotidiana: comprar comida significa, en muchas ocasiones, renunciar a los fármacos necesarios para tratar enfermedades crónicas. Un círculo vicioso que coloca a este sector de la población en una situación de extrema vulnerabilidad.

Con información de Unión Radio

Roelsi Gudiño
Roelsi Gudiño
Periodista, Productora Audiovisual, Fotográfa, Marketing Digital, Creador Digital
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