Una ciudad ambiental

Por: Francisco Delascio Chitty

Una “ciudad ambiental” podría definirse como aquella en la cual sus gobernantes y gobernados, en forma mancomunada, toman decisiones y acciones para mantener un proceso sistemático que contribuya al mejoramiento del ambiente ciudadano, haciéndolo menos inhóspito.

Pero esto no evolucionará, hasta tanto los responsables de estas acciones no demuestren su idoneidad y vocación de servicio, y la población entienda su obligación de colaborar con las autoridades.

¿De qué sirve consolidar un sector de la ciudad, dotándolo de sistemas de drenaje, canalización de agua, de áreas verdes o deportivas, limpieza de calle, recolección de basura y otros desechos, cuando los propios beneficiarios, en menos de un parpadear de ojos, arremeten contra esta cual cardumen de voraces caribes cuando atacan a una res herida, dejándole la estructura de sus huesos?

Esta acción canibalística acaso sea también producto de un sentimiento de segregación del colectivo con respecto a sus mandatarios y ciertos sectores “poderosos”.

Lo anterior, aunado a la falta de educación, ¿no habrá llevado a que el ciudadano haya perdido la fe en el destino de la ciudad y, desorientado como está, no pueda plantearse de una manera realista los problemas y soluciones en materia ambiental?.

El ambiente es la suma total de todas las condiciones o factores externos que actúan sobre un organismo, incluido el medio; por tanto, los límites ambientales se extienden más allá de los aspectos físicos e involucran consideraciones en la utilización de los recursos naturales y humanos.

Por tanto, una “ciudad ambiental” es aquella que busca el fortalecimiento de la autoestima de sus ciudadanos, basándose en normas de respeto, en la exaltación no solo de sus valores biológicos, sino también de patrones socioeducativos,  morales-éticos, tradicionales y patrimoniales (objetos, edificios, plazas, redomas, bulevares o paseos, jardines y sitios arqueológicos, entre otros), incluyendo lógicamente el patrimonio natural por su belleza escénica e importancia en la biodiversidad, cónsonos con la realidad de su medio.

Una antigua ley física dice: “La reacción es igual a la acción”; y si esta es mayor, se produce la ruptura del equilibrio. De ahí que una “ciudad ambiental” sea la que busca sentar las bases de las regulaciones de su contingente humano en forma equilibrada con el ambiente, no por un momento circunstancial del ahora, sino para el mañana.

En fin, una “ciudad ambiental” es aquella en la que sus ciudadanos no se sienten como un mero instrumento comicial propagandístico, sino como un elemento integral para resolver y superar los conflictos ambientales de su ciudad.

Redacción
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Jefatura de Redacción / Editorial
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