En un movimiento que redefine el tablero comercial global, el acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y Mercosur ha entrado en vigencia de manera provisional este viernes 1 de mayo. Este hito ocurre tras más de 25 años de complejas negociaciones, consolidando una de las mayores áreas de libre comercio del planeta que abarca a más de 700 millones de consumidores y representa el 30% del PIB mundial.
La aplicación provisional del pacto elimina aranceles en más del 90% del comercio bilateral. Según la Comisión Europea, los efectos son inmediatos para sectores estratégicos. Desde hoy, las exportaciones europeas de vehículos, productos farmacéuticos y vinos hacia Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay experimentarán reducciones arancelarias drásticas o eliminaciones totales.
«Las ventajas son reales y ya perceptibles. Los aranceles comienzan a bajar. Las empresas acceden a nuevos mercados y los inversores se benefician de la previsibilidad que necesitan», afirmó Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.
Por su parte, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, destacó el valor geopolítico del pacto: «En un momento de proteccionismo, reforzamos el multilateralismo».
El acuerdo establece un flujo bidireccional de bienes que busca dinamizar ambas economías:
Exportaciones de la UE: Automóviles, maquinaria, productos químicos, vino y quesos.
Exportaciones de Mercosur: Carne de vacuno, aves de corral, azúcar, arroz, miel y soja.
División en Europa y desafío judicial
A pesar del optimismo de Bruselas, el acuerdo nace en un clima de fuerte polarización. Francia ha liderado la oposición, citando preocupaciones sobre la competencia desleal y el impacto negativo en sus agricultores.
La eurodiputada Manon Aubry calificó la jornada como un «día muy sombrío», alertando sobre la entrada de productos con normas sanitarias y medioambientales que considera de «segunda categoría».
Además, la legalidad del tratado sigue bajo escrutinio. El Parlamento Europeo remitió el texto al máximo tribunal de la UE en enero, y el fallo judicial aún está pendiente. No obstante, el respaldo de potencias como Alemania y España ha permitido que Bruselas siga adelante, priorizando la diversificación comercial frente a la creciente hegemonía de Estados Unidos y China.
Con información de agencias



