Por: Abg. Francisco Ordaz
En Moscú desfilaron soldados, pero el vacío dejado por los tradicionales tanques y misiles fue imposible de ocultar. Al conmemorar 81 años de la victoria sobre la Alemania de Hitler, Rusia celebró el recuerdo de una gloria pasada mientras intenta sobrevivir al desgaste de una guerra presente que no logra cerrar.
La imagen de la Plaza Roja desierta de tanques, justificada por el temor a drones ucranianos, es la admisión tácita de que la doctrina militar del Kremlin ha sido superada por la realidad de los conflictos asimétricos.
Tras casi cinco años de guerra, el frente se encuentra estancado, pero la carnicería es constante. Ucrania, obligada por el distanciamiento de EE. UU. a innovar, ha levantado una industria de drones que hoy es responsable del 90 % de las bajas rusas. El objetivo de Kiev es matemático: eliminar 50 000 soldados rusos al mes, una cifra que supera la capacidad de reclutamiento del Kremlin, estimada en 20 000 hombres mensuales pese a ofrecer salarios récord.
Extraoficialmente, se estima que las bajas de Moscú ascienden a un millón, un agujero generacional que erosiona la base productiva y condena regiones enteras a la despoblación.
La economía rusa, aunque resistente en apariencia, acumula desequilibrios estructurales con una inflación real cercana al 15%. Mientras Putin mantiene una retórica de triunfo, los drones ucranianos golpean refinerías a más de mil kilómetros de la frontera, atacando la columna vertebral de sus ingresos: la industria petrolera. El país que simbolizó el poder del tanque soviético ahora teme a pequeños aparatos de bajo coste ensamblados en hangares.
Rusia conserva su arsenal nuclear y su peso en la OPEP+, pero su estatus de potencia se ha roto. Ucrania se proyecta hoy como una Esparta tecnológica que exporta experiencia bélica, mientras Moscú se encierra en un pasado que ya no le garantiza seguridad ni en su propio desfile militar. Al final, los imperios se agotan cuando consumen a su juventud para alimentar mitos que el presente dejó de obedecer. 81 años después del fin de la gran guerra de la victoria sobre los nazis, cabe preguntarse; ante una Rusia desgastada, ¿Putin pondrá fin a la guerra con Ucrania y negociará nuevos términos de seguridad con Europa?



