El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, generó un fuerte impacto en el sector energético al exigir formalmente que los niveles de producción de crudo de Venezuela sean contabilizados dentro de las métricas de producción estadounidenses.
Durante su intervención, el mandatario celebró la tendencia a la baja en los costos de los combustibles dentro de EE. UU., atribuyendo el logro a las políticas de su administración. Al mismo tiempo, lanzó duras críticas contra la gestión de sus predecesores, apuntando especialmente hacia la administración de Joe Biden y las decisiones de política exterior en Oriente Medio.
»El precio promedio de la gasolina a nivel nacional ha bajado $0.60 por galón desde hace apenas un rato… pero recuerden que nuestro petróleo en medio de este conflicto era menos que el que había para Sleepy Joe Biden», afirmó Trump, vinculando la reducción de precios con su estrategia energética actual.
La propuesta de integrar los datos de producción venezolana en los informes de EE. UU. marca un giro sorpresivo en el panorama geopolítico y energético, abriendo el debate sobre el control y la influencia de Washington en el mercado petrolero de la región.
Con información de agencias



