Los cuerpos de Fabio Bastardo, de 9 años, y de su madre fueron hallados sin vida entre los escombros de las Residencias Tahití, en la parroquia Caraballeda del estado La Guaira, según confirmó el periodista Sergio Novelli.
El hallazgo pone un trágico fin a una de las búsquedas más emblemáticas tras los sismos que sacudieron al país el pasado 24 de junio. Los reportes indican que ambas víctimas habrían fallecido el mismo día del terremoto o en fechas muy cercanas al colapso de la estructura de doce pisos.
Un rescate marcado por las fallas logísticas
El caso de Fabio se convirtió en el símbolo de la tragedia. Su padre, Francisco Bastardo, permaneció más de dos semanas junto a las ruinas exigiendo maquinaria pesada. Familiares de las 22 personas que se estimaba permanecían bajo los escombros denunciaron reiteradamente la falta de grúas y retroexcavadoras, así como la imposibilidad de costear equipos privados, cuyo alquiler rondaba los 3.000 dólares.
Debido a estas carencias, la mayor parte de las labores se realizaron de forma manual por bomberos venezolanos y voluntarios, hasta la llegada de apoyo internacional:
Señales de vida: El 9 de julio, 14 días después del sismo, un equipo de rescate mexicano (identificado por la familia como «el tiburón mayor de México») detectó señales de vida de Fabio mediante tecnología ultrasónica, lo que reactivó las esperanzas.
Localización: Los rescatistas lograron acceder mediante túneles y perforaciones manuales al cuarto, baño y sala del apartamento. Días antes, se había recuperado un maletín de Fabio con lentes de telescopio, un objeto de gran valor sentimental por su afición a la astronomía.
El hallazgo de los cuerpos coincide con el cambio de estrategia de los cuerpos de emergencia en Caraballeda. Tras semanas de esfuerzos, las labores han entrado oficialmente en una nueva fase centrada en la remoción de escombros y la recuperación de cuerpos en los distintos edificios colapsados de la zona, descartando la búsqueda de sobrevivientes.
Con información de agencias



