La pregunta sobre cuánto tiempo puede resistir una persona atrapada bajo los escombros de un edificio colapsado no tiene una respuesta exacta, coinciden expertos: todo depende de la posición en la que quede atrapada la víctima, el acceso a aire y agua, las condiciones climáticas y su estado físico previo.
Sin embargo, la historia reciente registra tres casos que desafiaron todos los pronósticos médicos.
El récord más extremo pertenece a la pakistaní Naqsha Bibi, de 40 años, quien permaneció 64 días más de dos meses atrapada en la cocina de su vivienda tras el terremoto de magnitud 7,6 que sacudió la región de Cachemira, en el norte de Pakistán, el 8 de octubre de 2005, un sismo que también afectó a Afganistán y dejó más de 80 mil muertos.
Fue rescatada el 13 de diciembre de ese año, con rigidez muscular y tan débil que apenas podía hablar. Su prima relató a la BBC: «Al principio pensamos que estaba muerta, pero abrió los ojos cuando la sacábamos».
El segundo caso más citado por los especialistas es el de Evan Muncie, un vendedor de arroz haitiano de 28 años, hallado con vida el 8 de febrero de 2010, 27 días después del terremoto de magnitud 7,0 que devastó Puerto Príncipe el 12 de enero de ese año y dejó más de 200 mil muertos.
Muncie fue localizado entre los restos del mercado donde trabajaba, 17 días después de que el Gobierno haitiano diera por finalizadas oficialmente las labores de búsqueda y rescate.
El doctor Mike Connelly, quien lo atendió en un hospital de campaña de la Universidad de Miami, lo describió como «demacrado», con heridas abiertas e infectadas en ambos pies, aunque sin lesiones por aplastamiento.
El propio Muncie aseguró que «alguien» le había llevado agua mientras estaba atrapado, una versión que los médicos consideraron poco probable dado que se encontraba completamente sepultado, por lo que su supervivencia continúa siendo, hasta hoy, un misterio sin explicación certera.
El tercer caso, con un desenlace distinto, es el de Jalil Shahinaki, de 57 años, rescatado con vida tras 13 días bajo los escombros luego del terremoto que destruyó la ciudad iraní de Bam en diciembre de 2003.
Shahinaki alcanzó a decir su nombre antes de perder el conocimiento y fue trasladado de urgencia a un hospital de campaña, pero falleció posteriormente a causa del delicado estado de salud en que se encontraba tras permanecer tantos días atrapado.
Los tres casos ilustran lo que los expertos en catástrofes describen como el límite difuso de la resistencia humana: mientras el tiempo promedio de supervivencia general ronda entre tres y siete días principalmente porque el riñón suele colapsar tras tres jornadas sin recibir fluidos, la historia ha demostrado en más de una ocasión que el cuerpo humano puede superar ese margen en circunstancias excepcionales.
Con información de agencias



