La hidratación y la presión arterial están estrechamente relacionadas, ya que la sangre está compuesta principalmente por agua, señala un artículo de EatingWell, revista especializada en alimentación, nutrición y sostenibilidad.
La deshidratación aumenta la concentración de sodio en la sangre y provoca la liberación de vasopresina. Esta hormona ayuda a los riñones a retener agua, pero también estrecha los vasos sanguíneos. Beber suficiente agua evita que el organismo active constantemente este mecanismo y favorece una circulación normal.
Un estudio que siguió a adultos durante nueve años encontró que quienes bebían seis o más vasos de agua al día presentaban un menor riesgo de desarrollar hipertensión que aquellos que tomaban uno o menos. Sin embargo, todavía se necesitan más investigaciones para determinar con precisión esta relación.
El efecto del agua no siempre es el mismo. Beber rápidamente entre 300 y 500 mililitros puede elevar temporalmente la presión. Esto puede ayudar a quienes sufren una caída al ponerse de pie, acompañada de mareos. El aumento se debe a que crece el volumen sanguíneo y se activa el sistema nervioso simpático, que contrae los vasos.
Cómo mantener una presión saludable
Llevar una botella reutilizable y programar recordatorios facilita beber pequeñas cantidades durante el día. También ayudan los alimentos ricos en agua, como la sandía, el pepino, las naranjas y las fresas, que además aportan potasio.
Con información de Agencias.-



