El Rincón Geopolítico por el Abg. Francisco Ordaz
El mundo no está entrando en una etapa de simple tensión; está regresando a una lógica que se creía superada: la ley del más fuerte.
El sistema de cooperación multilateral nacido tras la 2.ª Guerra Mundial está siendo desmontado para abrir paso a un orden más agresivo y peligrosamente anárquico. Un escenario donde las reglas pierden valor, la soberanía se relativiza y el poder se ejerce por la fuerza.
El viejo orden mundial nunca fue perfecto, pero ofrecía reglas claras que evitaban conflictos globales. Hoy, ese manual de reglas ha sido sustituido por los pilares de la era Trump:
1. Diplomacia transaccional: Se acabó la amistad por valores. Si una nación pequeña tiene recursos, es amiga; si no, no existe.
2. Esferas de influencia: El derecho internacional cede ante el reparto del mundo entre EE. UU., China y Rusia.
3. Fuerza: El fuerte se impone al débil sin titubeos.
4. Unilateralismo: Las potencias actúan solas, abusando de aliados.
5. Fin de los ideales liberales: Los valores democráticos y liberales ya no son prioridad, manda el pragmatismo más frío.
Es irónico que EE. UU., vencedor de la Guerra Fría, sea quien golpea a sus aliados europeos con aranceles, amenaza de expulsión de la OTAN y el costo de una guerra en Irán de la que ni fue informado Como dijo el Primer Ministro canadiense en Davos, terminó la «ficción agradable del mundo basado en reglas» para entrar en una «realidad brutal».
La señal es cruda: los aliados son útiles mientras obedecen; las normas sirven mientras no estorben; los conflictos dejan de prevenirse para administrarse como instrumentos de poder.
Ucrania, Venezuela, Irán, Cuba y Taiwán no son casos aislados; son las piezas de un tubo de ensayo geopolítico. La intervención en Venezuela, la guerra en Ucrania, la inminente caída de Cuba, las pretensiones chinas sobre Taiwán y la guerra en Irán, prueban que las potencias ya no piden permiso, lo toman a sangre y fuego.
No asistimos solo al desgaste del viejo orden; presenciamos el nacimiento de una geopolítica donde la piratería estratégica vuelve a parecer aceptable y el botín reemplaza al equilibrio.
El problema de vivir en la selva es que todos terminamos expuestos a los colmillos del más fuerte.



