Botánica | La uva

Por: Francisco Delascio Chitty

Al parecer, las cosas del ayer vuelven a repetirse: enfermedades, modas, guerras, sectas religiosas como las que se están proliferando el día de hoy y conductas de personalidades, que “evocan” al rey Salomón, quien dijo que el buen vino fortifica el corazón y disipa la tristeza. Él, reinó en Israel entre el 971 al 931 a. C.; fue gran sabio por mandato divino, compositor de proverbios, refranes, salmos, gran negociante, adquirió la armada de naves de Tarsis.

Controló amplias zonas de los territorios vecinos; la riqueza fluyó por medio de los impuestos. Pero al parecer no supo continuar la sana economía y dinamismo de su nación, se aisló en el esplendor de su reino, sin escuchar al pueblo ni a Dios para gobernar por el bien común. La uva es mencionada en capítulos bíblicos, desde el Génesis hasta las Revelaciones.

El propio Jesús se sirvió de ella en sus parábolas, describiéndose a sí mismo como la vid verdadera, de la cual dependen sus seguidores. Según las Sagradas Escrituras, en el año 2341 a. C., siete años después del diluvio, Noé plantó una viña y experimentó los efectos excesivos del vino. Por otra parte, los paganos le atribuyen a Baco el arte de hacer vino. Este personaje mitológico, recorrió el mundo y conquistó a la India, plantando viñales en sus correrías. Baco es adorado o mencionado como el dios del vino, de ahí las fiestas bacanales de la antigua Italia (siglo V a. C.) en donde se celebraban abominables orgías; por lo cual el Senado abolió dichas fiestas en el año 186 a C.

Por todo lo anterior, nos percatamos de que la uva es uno de los primeros cultivos de la humanidad y de su desarrollo cultural. La uva, vid o parra se supone originaria de las regiones caucásicas de las riberas de los mares Caspio, Negro y de la zona del Mediterráneo. En Venezuela se conoce desde la época de la Colonia.

La mayor producción de uva venezolana proviene de los estados Zulia, Lara y Táchira. Su nombre técnico es Vitis vinifera. El término de Vitis proviene del latín y significa “uva”; y vinifera, también del latín, significa que lleva o produce vino. Ella es trepadora. Sus hojas simples son   palmatilobadas, margen denticulado. Flores verdosas en racimos paniculados. Fruto baya redonda o elipsoidal, color miel, azulada, verde, blancuzca, morada, roja, violácea o negruzca con numerosas semillas periformes.

Posee azúcar, calcio, magnesio, hierro, fósforo, azufre, sodio, vitaminas (A, B, C), ácidos tánicos, cítricos, gálicos y tartáricos. Las aplicaciones terapéuticas de la uva y el vino son conocidas desde tiempos antiquísimos. El famoso vino de Hipócrates (el padre de la medicina), era endulzado con miel, canela y jengibre, para confortar el ánimo de los enfermos. Por otra parte, el vino sirve para lavar heridas, hacer buches o gárgaras. La savia acuosa de su tallo se emplea como colirio.

Sus hojas en decocción y pulverizadas se toman para detener las diarreas y hemorragias nasales. Bajo la forma de cataplasma con aceite de coco, eliminan las hinchazones, tumores y dolores de cabeza. El zumo hervido de los frutos se bebe contra los trastornos hepáticos, hemorroides, tos, esputos sangrientos y afecciones pulmonares.

Sus frutos verdes actúan como diuréticos y adelgazantes; maduros se consumen para combatir el estreñimiento, anemia, artritis, arterosclerosis y neurosis. Las uvas pasas o secas son laxantes. También, hay quienes aseguran que, cortando una rama verde de la planta y colocándola sobre el fuego, el líquido que brota de ella actúa como excelente depilatorio.

Roelsi Gudiño
Roelsi Gudiño
Periodista, Productora Audiovisual, Fotográfa, Marketing Digital, Creador Digital
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