Botánica | El tabaco (I parte)

Por: Francisco Delascio Chitty

En la última década del siglo XIX, el tabaco constituyó uno de los principales productos de exportación de Venezuela. Convirtiéndose a su vez en un artículo muy solicitado por el tráfico clandestino de franceses, holandeses e ingleses que merodeaban las costas venezolanas, pagaban elevados precios, por lo cual el tabaco ocasionó prácticamente el abandono de otros cultivos. De ahí que las autoridades reales y el cabildo prohibieran su cultivo por diez años, iniciándose nuevamente su siembra en 1612, con un desarrollo vertiginoso.

Este repunte produjo otro acontecimiento el 28 de abril de 1779 relacionado con el tabaco: El estanco, es decir, el monopolio de la producción, venta y fijación de los sectores en donde solamente se podían efectuar sus plantaciones. Esta medida, en beneficio de la Corona, que quedó abolida en 1833 con la separación de Venezuela de Colombia.

Desde los pueblos más primitivos hasta los pueblos más civilizados, en todas las épocas y en todos los países, el hombre ha usado de una forma u otra el tabaco; bien sea por placer, por algún efecto terapéutico y psicológico, en relación con sus ceremonias, rituales o simplemente para ahuyentar con el humo a los insectos (plaga). El tabaco es planta de la América tropical, iniciándose su cultivo y uso mucho antes de la llegada de los conquistadores al Nuevo Mundo.

Fue introducido en Europa en 1556. Pertenece el tabaco a la familia botánica de las Solanáceas (papa, berenjena, tomate, ají). Su nombre técnico es Nicotiana tabacum; el primer epíteto hace honor a Jean Nicot de Villemain, embajador francés en la corte portuguesa, quien introdujo en 1560 la planta en Francia. Y tabacum es palabra latinizada de “tabaco”, voz taína (pueblo amerindio de lengua arawak o arahuaca), con la cual los indígenas designaban también el tubo, horqueta o instrumento empleado para inhalar por las fosas nasales el humo y el polvo de las hojas de esta planta.

El tabaco es hierba anual hasta de 2 m de altura. Sus hojas son alternas, oblongo-lanceoladas, arrugadas, pegajosas al tacto, por la presencia de pelos glandulares que segregan resina. Flores rosado salmón o rojo carmesí, en forma de embudo, se agrupan en una inflorescencia corimbosa. El fruto es una cápsula ovoide de 2 cm de longitud, con numerosas semillas marrones.

El tabaco, entre los indígenas, siempre ha tenido un significado ritual, sobre todo para contactar con el mundo espiritual y para hacer presagios. El tabaco es llamado por los yanomamis “pee nahe” y con él hacen un rollo “karepou”, que a diario chupan, colocándoselo entre la encía y el labio inferior. De esta forma entretienen el gusto, apaciguan el hambre, se estimulan y obtienen ciertas sales para su organismo.

Esta costumbre tan arraigada en ellos los acompaña hasta el más allá; cuando mueren, se les coloca un “karepou” en su boca, así su alma (no porebi) al entrar al xapono o maloca de Yaru, el trueno, será reconocida por los “parimi” u otras almas como un verdadero yanomami y comenzará una nueva vida sin dificultades.

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