Por: Abg. Francisco Ordaz
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A un mes de iniciada la operación Furia Épica, la promesa de una campaña relámpago ha chocado con la realidad. Pese a la eliminación de figuras clave del mando iraní, el sistema no se desplomó: se reconfiguró.
Teherán dispersó su liderazgo hacia estructuras subterráneas y sostuvo una presión constante con misiles y drones. La ofensiva dejó de ser un golpe decisivo para convertirse en una guerra de resistencia asimétrica.
El frente más sensible no está en el campo de batalla, sino en la energía. Estados Unidos ha suspendido, por tercera vez, el ultimátum para arrasar la infraestructura iraní si no se abre el Estrecho de Ormuz -arteria del 20% del crudo mundial-.
Esta vacilación de Trump fue respondida por Irán con fuego real: el ataque más reciente a una base en Arabia Saudí que destruyó activos estratégicos y dejó una docena de marines heridos. El aislamiento de Washington es evidente; pidió apoyo a la OTAN para escoltar el paso naval, pero sus socios se negaron alegando que nunca fueron consultados sobre los planes de ataque. Trump inició una guerra inconsulta y ahora pretende delegar la responsabilidad del desastre a los aliados que hoy sufren una inflación importada.
La expansión del conflicto con los hutíes presionando el Mar Rojo crea una doble pinza naval que estrangula el comercio petrolero. Para la Casa Blanca, no resolver rápido equivale a perder. Mientras EE. UU. sostiene un esfuerzo de mil millones de dólares diarios, Irán resiste con herramientas baratas y dispersas. Cada día que el Estrecho sigue cerrado, es una victoria política para la red de alianzas de Teherán.
¿Y a nosotros qué nos queda? En Venezuela sabemos lo que significa hacer colas por combustible y gas doméstico o vivir bajo fallas eléctricas y altísima inflación. Lo que hoy golpea a las economías más avanzadas es, para nosotros, rutina diaria. La paradoja es dura: el mundo demanda petróleo con desesperación, pero nuestra capacidad de respuesta está fundida.
En medio de un repunte histórico de precios, dejamos pasar la oportunidad de un respiro económico. No por falta de recursos, sino por falta de capacidad operativa.



