Opinión | La raya y su funesta picada

Por: Francisco Delascio Chitty

Es uno de los peces más temidos de los ríos de Suramérica, debido a la insufrible herida que ocasiona su cola. Según los yanomamis, el nacimiento de la raya o xipari se debe a un espíritu “omawi”, quien después de tejer una guapa o “wii” (bandeja semicircular tejida con bejuco mamure-Heteropsis-), la puso en el río y esta comenzó a nadar, creando así la primera raya.

Los Guaraos del delta del Orinoco relatan: “Que un joven salía solo a buscar raya, y cuando esta aparecía, adoptaba la forma de mujer y él copulaba con ella, haciéndola su querida, y esa mujer dio origen a las rayas o jués”. El poeta del pueblo Andrés Eloy Blanco (1897-1955) le dedicó su atención y escribió en 1937: “Alacrán de orilla/comadre orillera/oculta, como mala intención/enconosa, como lengua mala/.

Quizás no entra al río porque no la dejan y se embosca en la orilla, como mango de marzo, que, al quitarse la cáscara, nos la ponen en la puerta. /.

Su nombre genérico es Potamotrygon, del griego “potamos”, río, y “trygon”, raya, picadura. En Venezuela existen cuatro especies que se clasifican según el patrón de coloración y otros caracteres morfológicos, conociéndose como raya guacamaya o pintada, raya guayanesa, raya zamura, raya de río o raya manta; esta última se llama Potamotrygon yepezi   en honor al ictiólogo e investigador venezolano Agustín Fernández Yépez. Ellas se localizan en cualquier río, caño e incluso represas pertenecientes a las cuencas del Orinoco y del Lago de Maracaibo.

Alimentándose de crustáceos, peces y caracoles, viven la mayor parte del tiempo enterradas en los fondos arenosos y cenagosos, dejando tan solo al descubierto los ojos y los espiráculos. Su cuerpo discoidal, ovalado, redondeado o romboidal en su extremo posterior presenta una cola flexible a manera de látigo espinoso.

Su piel al tacto da la impresión de tocar un papel de lija, por sus escamas denticuladas. En su dorso, cerca de los ojos, se ubican unos orificios seudobranquiales, respiratorios, inhalantes de agua (espiráculos). La boca, branquias y hendiduras branquiales se hallan en su parte ventral.

En el proceso respiratorio de ellas, el agua penetra por los espiráculos, pasando de allí a las branquias, para luego salir por las hendiduras branquiales; esta acción es un resollo, de ahí que los guaraos del delta del Orinoco me comunicaron en una ocasión que las rayas hacen ruido al absorber agua (jué busabusá-ya).

Las aletas pélvicas de los machos están modificadas en un órgano intromitente y retensor llamado mixopterigio o claspers, con el cual penetran a la hembra.

La terrible picada de una raya produce herida profunda, lacerante, enconosa y dolorosa debido a un efecto traumático de tipo mecánico y a otro toxicológico: la cola de ella está armada de un rígido hueso a manera de aguijón o puya, con dientes curvos marginales que en su interior presentan glándulas venenosas que se activan al clavarse en la piel, liberando así al tósigo que es similar al veneno de las mapanares.

La sensación de su picadura es similar a un corrientazo eléctrico, produciendo entumecimiento, calambres, dificultad respiratoria, sudoración, espasmos abdominales, pérdidas del control de los esfínteres, náuseas, síncope e incluso la muerte. Para contrarrestar dicha picada, popularmente se emplea la decocción de un árbol conocido como Palo Matías (Croton malambo).

También aseguran, que se cura tomando el agua recogida en una tapara o totuma donde una mujer se haya lavado sus partes íntimas.

Redacción
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