La Sapoara

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Las Sapoaras, orfebrería de plata móvil le despiertan aflicción a la luna y a las estrellas, al observar sus huellas de altura sumersas en el río. Ellas, con sus propulsoras alas teñidas de reflejos crepusculares van pregonando en su recorrido, su anhelado encuentro atávico, generador de vida; sorteando de estrecho en estrecho el afán del tarrayero.

A partir de julio, cuando la Piedra del Medio comienza a señalar la crecida de las aguas del Orinoco; se produce el desplazamiento masivo de la Sapoara. Cada uno de estos procesos (aumento del caudal de agua y el movimiento de los peces), desencadenan a su vez otros sucesos importantes que modifican la actitud y actividad del hombre ribereño. Así, el Malecón, Paseo Falcón   hoy Paseo Orinoco se transforma en el escenario de la tradicional pesca de la Sapoara, dicha actividad con su fortaleza simbólica y folklórica es propia de Ciudad Bolívar.

El ritual de la pesca de la sapoara, es un espectáculo ancestral y emocionante. Las curiaras cual frágiles ninfas se deslizan sobre el río,  transportando una simple y reducida marinería. En la proa, erguido como un Ulises fluvial, el tarrayero con su aparejo  en ristre, mordiendo el plomo, espera el momento propicio para arrojar con rapidez la red. 

El  nombre técnico de éste pez es Semaprochilodus laticeps.  Entre los meses de julio a septiembre, cuando se produce la transmutación cosmológica del Orinoco, con sus crecidas o desbordes de purificación. Las Sapoaras pasan de las lagunas marginales de inundación, hacia el canal principal del río y se dirigen aguas arriba del mismo para reproducirse. Este desplazamiento espectacular y masivo se conoce como migración potamondrómica. Igualmente, la misma es llamada migración gamética, debido a que dicha movilización está motivada a la necesidad de ocupar un medio más adecuado para el proceso reproductivo.  

Este proceso biológico, origino la tradicional pesca de la Sapoara, cuyo génesis se pierde allá, en el tiempo de los primeros pobladores de las riberas del Orinoco. Entre las creencias del vulgo relacionadas con este pez, se dice que aquella persona que come la cabeza de la Sapoara se arraiga en Ciudad Bolívar. Que la pesca de las mismas no debe hacerse en las lagunas donde se crían, pues esto acarrea mala suerte. La maledicencia criolla relata que el la zona conocida como Los Peladeros (donde se ubica hoy el Hospital Ruiz y Páez), vivía doña Zoa, suegra y amante del Presidente del Estado Bolívar, General Silverio González (quien ejerció dicho puesto entre 1924-1930).

Que dicha mujer era maléfica, encubridora e intratable, que todos les tenían miedo, incluso hasta las Sapoaras, las cuales dejaron de pasar o parar en Ciudad Bolívar por un tiempo. Por otra parte, este pez, gracias al compositor margariteño Francisco Carreño (1910-1965), entró a formar parte del repertorio musical por medio del popular merengue guayanés “La Zapoara”, conocido por los bolivarenses.

Dirección de Patrimonio Histórico y Cultural, Museo de Historia Natural La Salle (FLASA), Universidad Politécnica Territorial Bolívar.

Por: Francisco Delascio Chitty

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